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Desmonta creencias limitantes para decidir el ingreso terapéutico

¿Quiero quitarme de encima a mi hijo?


Tu juez interno es muy probable que trate de sabotearte la decisión del ingreso con creencias tan absurdas como ésta. Eres humana y tienes un límite de resistencia y de recursos para ayudar a tu hijo, por tanto, esta pregunta es absurda porque no es lo que realmente querrías pero sí es lo que necesitas.


Necesitas saber que tu hijo estará en un lugar seguro y donde le pueden ayudar. Necesitas paz, recuperar tu serenidad, tu vida, tu familia, tus amigos y poder centrarte en el trabajo cuando estás trabajando. Por tanto, destierra inmediatamente de tu mente ese pensamiento irracional y, si sigue torturándote, evita caer en el victimismo. No te ayuda, por tanto, si es necesario escribe una lista de pros y contras si lo necesitas, encuentra una respuesta racional a esta pregunta y recházala de una vez por todas.


¿Estará bien? ¿Le cuidarán bien?


Tu hijo estará en manos de profesionales expertos que siguen protocolos sujetos a inspección por parte de los departamentos de salud y educación de la Generalitat de Catalunya. Esto ya es suficiente garantía de que tendrán el máximo cuidado.


En el caso de Font Fregona, tienen un huerto donde cultivan la mayoría de frutas y verduras que consumen. Además aprenden a cuidarlo y a cocinar. Todo lo que comen es de elaboración casera y los ingredientes de proximidad. Las raciones son generosas y pueden hacer muchas repeticiones (a menos que tengan correcciones que se lo impidan, en cuyo caso les ponen una ración doble de entrada). Todas las correcciones son proporcionales y respetuosas con la integridad y dignidad de la persona. Además tienen la posibilidad de progresar en sus estudios en los que, de otro modo probablemente hubiesen fracasado.


Si esta pregunta te genera la menor inquietud o duda, el equipo directivo del centro está abierto a hablar de ellos sin tapujos, con la misma transparencia con la que te enseñan el centro y te ofrecen la posibilidad de hablar con algunos internos , para que te den fe de su propio caso, sin que ellos estén presentes para fiscalizar su testimonio.


Está claro que el chico cuando ingresa no es él mismo y su única prioridad es volver a engañar a todos para salir lo antes posible. La mayoría lo hacen contra su voluntad y sin conciencia del problema. Durante el proceso llegará al límite, explotará en algún momento, sacará su yo verdadero y, sólo entonces se podrá empezar a trabajar desde cero. Esto implica un tiempo y que la personita pruebe todas las cosas que se le ocurran, hasta que se da cuenta de que ya no tiene más recursos y es mucho más sencillo y reconfortante hacer las cosas bien. Tiene que ganárselo todo y cualquier pequeño progreso tiene una recompensa.


Paralelamente, los padres hacemos nuestro propio proceso, nos rehacemos del pasado y nos preparamos para un futuro mejor, aprendiendo de nuestros errores y nuevos recursos pedagógicos para encarar el futuro de nuevo todos juntos.


Por tanto, cuando te asalten este tipo de preguntas, trata de ser sincera contigo misma y preguntarte si tu hijo estaba realmente presente en casa o sólo estaba su cuerpo de vez en cuando y con la peor de las actitudes . Piensa en la última Navidad, comió con la familia y disfrutasteis de su compañía en armonía?. ¿Y en las vacaciones de verano? ¿las disfrutaste o sufriste? Y el día a día en casa, ¿cómo era hasta ahora? ¿Verdaderamente prefieres tenerlo en casa en estas condiciones que internado en un centro, donde estará a salvo y donde lo pueden reconducir para tener en el futuro una convivencia de calidad?


¿Servirá de algo este proceso?


Si te asalta esta pregunta es probable que el fatalismo se haya instaurado en tu mente. A muchos y chicos y chicas les ha servido. ¿Por qué al tuyo no debería servirle? ¿Nadie te puede garantizar que sea así pero, no crees que la situación es tan crítica que cualquier oportunidad de revertirla de forma definitiva vale la pena ser probada?


El proceso terapéutico implica un gran trabajo de introspección y disciplina cotidiana. El hecho de tener que ocuparse de todas las tareas de la casa, cuidar el huerto, los caballos, las clases, las sesiones en grupo, la terapia individual... todo va conformando una red de recursos personales necesarios para abrirse paso en la vida. Cada día tienen muchas oportunidades de llevar a cabo sus obligaciones de forma clara y ordenada, algo muy importante para estas personitas tan dependientes y desestructuradas.


Sin alejarse de los amigos, las nuevas tecnologías, el acceso a tóxicos o herramientas con las que puedan tomar daño, difícilmente los chicos y chicas que padecen trastornos de conducta de alta complejidad podrán salir adelante. La intuición materna no suele fallar y nos susurra al oído todos los días. Sólo tenemos que intentar no engañarnos y hacerle caso.


El problema de mi hijo es distinto


Ésta es otra trampa frecuente a la que recurre nuestra mente para tratar de poner más resistencia a la decisión del ingreso terapéutico.


Ciertamente la casuística es tan variada que podría decirse que no hay dos casos iguales, y que hay muchos problemas de salud mental que no responden a una etiqueta concreta. De hecho, alrededor de los 14 años, cuando suelen estallar los problemas graves, todavía son muy jóvenes para tener un diagnóstico psiquiátrico claro. Lo que importa es que, sea cual sea su caso, si el chico presenta una problemática que complica la convivencia familiar y/o escolar, pone en riesgo su salud y, a menudo incluso su vida, y se han agotado tratamientos ambulatorios sin una clara mejoría, es necesario preservarlo del peligro y buscar soluciones definitivas como un internamiento terapéutico. De esta forma, le estaremos dando la posibilidad de de-construir una forma disfuncional de afrontar su vida, y dotarle de los recursos que necesita para transformarse y alcanzar una vida autónoma y satisfactoria.


A medida que los terapeutas van viendo cómo funciona, podrán afinar el diagnóstico pero, en serio que es lo de menos porque, sea cual sea éste, el camino a recorrer es el mismo.


Pocas familias de quienes hemos vencido los obstáculos y los miedos y hemos tomado la decisión del internamiento, nos hemos arrepentido de haberlo hecho. La inmensa mayoría, estamos agradecidos a la vida por haber tenido esa oportunidad, asumiendo que literalmente ha supuesto salvar la vida de nuestros hijos. Si te encuentras en esta tesitura, te animamos a desatascarte y nos ponemos a tu disposición para acompañarte en este momento de gran inquietud.





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