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¿Qué hay detrás de las conductas agresivas de los adolescentes?

Según el informe: "Situaciones de tensión y conflicto en niños, adolescentes y jóvenes Guía de navegación para madres, padres y otras figuras que acompañan a niños, adolescentes y jóvenes con una problemática de salud mental", encargado por la Federación de Salud mental de Cataluña y la Fundación Probitas a expertos de Spora Sinergias, hay diferentes motivaciones. Conocerlas nos puede ayudar a comprenderlos mejor y, por tanto, poder ayudarles a gestionarlas. Según dichos expertos, estas motivaciones son:


Búsqueda de identidad

Las conductas conflictivas en el espacio público pueden ser intentos del o de la joven de mostrar a los demás una fortaleza y seguridad interna que en realidad no siente.

En el espacio público entra en juego la interacción con las personas adultas y los iguales, dos figuras fundamentales en la construcción de la identidad y los conflictos que se generan en este proceso.


Regulación emocional

El bajo control de la impulsividad y de la frustración, inherentes a esta etapa vital, y la necesidad de descarga inmediata para reducir una emoción desbordante como, por ejemplo, la angustia, el miedo o la ira y conseguir así una sensación de equilibrio .


Grito de ayuda

En algunos casos, los jóvenes y niños pueden buscar atención aunque ésta sea negativa. La atención negativa a veces es más intensa, exclusiva y de más larga duración que la atención positiva. En cualquier caso, un niño o joven que está llamando la atención con la agresividad, puede estar pidiendo ayuda por algún malestar que no sabe cómo manejar.


Salida de emociones no expresadas

Las conductas agresivas pueden ser una manera de dar salida a emociones que causan un profundo malestar interno pero que no se pueden expresar en palabras, ya sea por falta

de herramientas de comunicación o porque aquellas emociones no están autorizadas por el entorno o las normas sociales. Por ejemplo, la tristeza o vulnerabilidad en el caso de los chicos. También puede ser una expresión de situaciones estresantes que el o la joven vive en el entorno social, como por ejemplo el acoso escolar, y que no sabe cómo expresar y pedir ayuda.


Se puede dar la situación en la que niños o jóvenes experimenten momentos de tensión y malestar fuera de casa y que, luego, una vez dentro del hogar, se dé la explosión de agresividad por un pequeño desencadenante que hace que estalle el conflicto. Esto se produce por la incondicionalidad que supone el entorno cercano, la seguridad de que niños, adolescentes y jóvenes perciben en casa con la familia como espacio de confianza y de refugio. Aunque parezca contradictorio, este espacio de confianza puede facilitar la manifestación de las conductas agresivas aunque el trasfondo de conflicto venga de fuera.


Vía de obtención de una ganancia

Los comportamientos conflictivos también pueden ser una manera de poner en marcha recursos para obtener alguna ganancia secundaria, para evitar determinados hechos, situaciones o responsabilidades o, incluso, como una estrategia o intento de no perder algo.


Sería el caso, por ejemplo, de manifestar agresividad para evitar ir a la escuela, afrontar alguna responsabilidad o situación que genera miedo o para conseguir que las madres y padres dejen de hacer demandas y poder aislarse de todo aquello que no se puede afrontar.


Válvula de escape

Las conductas agresivas también pueden ser una válvula de escape, de la presión acumulada dentro del grupo familiar, por un problema de la familia que no se aborda o sobre lo que no se habla con los niños y adolescentes. Esta situación se da cuando hay evitación de los conflictos o se invisibiliza el sufrimiento generado por divorcios, enfermedades graves de un familiar, abuso sexual intra o extrafamiliar, etc.


Reacción en el entorno social

Las conductas conflictivas y de tensión también pueden ser una reacción ante el miedo y la angustia que genera el espacio público en algunos y algunas jóvenes. El espacio público se conforma principalmente de la mirada de los otros y la presión a sentirse juzgadas puede ser muy estresante para niños, adolescentes y jóvenes. Los y las adolescentes son mucho más susceptibles a los juicios negativos por todo lo que conlleva la etapa que están viviendo. Además, a menudo pueden ser jóvenes con experiencias negativas de rechazo y discriminación por parte del entorno social por sus antecedentes de salud mental.



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