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Aceptar y gestionar las emociones negativas. ¿Es normal que sienta odio por mi hijo?

Es un buen consejo para la vida en general no juzgar los propios sentimientos como buenos o malos. Lo que sientes lo sientes y, por tanto, no es ni malo ni bueno, sino una reacción emocional ante un hecho. Lo importante no es lo que sientes sino lo que haces con lo que sientes.

Es normal que si actualmente tu hijo te está llevando al límite día sí y día también, ejerce violencia física o psicológica contra ti o simplemente sientes que actúa con total desconsideración y falta de respeto hacia ti, puedas llegar a sentir odio.


Cuando surge un sentimiento así, sólo nos está avisando que estamos desbordados y que hay que sacamos lo más rápidamente posible nuestras herramientas de autocontrol emocional del bolsillo antes no explotamos y nos arrepintamos después.


Tenemos que intentar no perder de vista nunca que nosotros somos los adultos y ellos los adolescentes con pocas herramientas de control emocional y, por tanto, nos corresponde esta posición difícil pero necesaria. Somos los adultos pero somos personas; por tanto, si un día nos desbordamos, tampoco es necesario que nos fustigan durante el resto de nuestra vida, pero sí es bueno ser conscientes de nuestros propios límites y tratar de detectar el momento previo a la explosión emocional. Nuestros hijos son nuestros mejores maestros y nos conocen mejor que nadie más y, por tanto, saben qué teclas tocar para sacarnos de quicio. Nos tienen tomada la medida y también debemos ser conscientes.


Para poder gestionar las emociones "negativas" primero tenemos que aceptar que las sentimos y luego tratar de entender lo que nos las despierta. En las emociones, entran en juego cuatro aspectos:

• una situación concreta

• una serie de reacciones fisiológicas específicas o sensaciones

• unos pensamientos determinados

• un tipo de respuestas concretas apropiadas a la situación


Las emociones afectan tanto la forma en que pensamos como las reacciones que se producen en nuestro cuerpo y, además, lo que pensamos y las reacciones emocionales de nuestro cuerpo se relacionan entre sí. Por lo tanto, si aprendemos a dominar nuestros pensamientos, controlaremos mejor nuestras emociones y, si queremos aprender a dominar nuestras emociones, primero tendremos que aprender estrategias para controlar nuestra manera de pensar y de dominar las reacciones de nuestro cuerpo.


Las emociones cambian constantemente, aparecen y desaparecen, y están sometidas a variaciones durante toda nuestra vida en función de la etapa por la que pasamos. Si nos encontramos en un momento feliz y tranquilo, sin problemas o preocupaciones importantes, el estado emocional tiende a ser estable y tenemos menos emociones "negativas". Por el contrario, si pasamos por momentos de grandes cambios o nuevas situaciones (rotura de pareja, cambio de casa, cambio de trabajo, enfermedad grave de un ser querido ...), nuestras emociones se ponen en marcha y es más frecuente experimentar tanto emociones positivas como negativas. Sentir emociones, en definitiva, es la prueba de que uno está vivo y reacciona ante el entorno.


Aprender a percibir las señales emocionales, a etiquetarlos y aceptarlos nos permite dirigir nuestras emociones y profundizar. No estamos acostumbrados a analizar lo que estamos sintiendo de manera precisa antes de expresarlo, de manera que cuando lo expresamos lo hacemos de manera espontánea, con explicaciones confusas y poco claras. Reaccionamos de manera inconsciente en lugar de actuar de forma consciente y, a posteriori, muchas veces nos arrepentimos de nuestras reacciones. Nos tenemos que acostumbrar a no juzgar lo que sentimos como bueno o malo, sino a analizar por qué sentimos lo, que nos ha motivado ese sentimiento para comprendernos y poder decidir cómo actuar.


El que no es capaz de entender sus propias emociones difícilmente podrá entender las de los demás, y aquí ya tenemos una mezcla altamente explosiva.


La mayoría de nosotros hemos desarrollado estrategias de represión y evasión para enmascarar o dar otro sentido a las emociones que juzgamos como desagradables o inaceptables. De manera automática, sin ser conscientes de ello, sólo permitimos el acceso a nuestra conciencia de determinadas emociones y anula otras, como la envidia, la rabia ...; sin embargo, no por el hecho de rechazar las emociones negativas, nos libraremos de sus efectos. Si no las hacemos conscientes, en algún momento estallarán en crisis emocionales. Durante estos períodos, la parte emocional del cerebro toma la delantera en la zona racional antes de que ésta pueda hacer un análisis de la situación y tomar una decisión. Vienen entonces los llantos descontrolados, los portazos, la risa histérica. Antes de llegar a este punto, es recomendable hacer consciente lo que estás sintiendo y poder poner una distancia emocional que te permita el proceso racional que necesitas hacer para poder tomar una decisión.


El distanciamiento emocional es necesario para poder ver con perspectiva una situación dolorosa y amenazando; pero por otra parte, si este distanciamiento es excesivo, puede impedir aceptar la difícil realidad y, por tanto, no es una buena opción.


Tiene que haber un equilibrio necesario entre razón y emoción. cuando imper




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