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¿Contra qué estamos luchando?

A veces, los padres, nos enojamos con nuestros hijos adictos porque no ponen la voluntad suficiente para salirse del problema. Esto nos ocurre porque pensamos en "el problema" desde nuestro mapa mental y nuestros recursos personales. Pero a menudo no somos conscientes de la magnitud del problema. El adicto está luchando con algo que es mayor que su voluntad. El poder de atracción hacia la adicción, que ha dejado huella en su cerebro, es mucho mayor que su poder de decisión. Hay que partir de la base de que pocas personas deciden estar mal. Lo que les ocurre es que, pese a saber que están atrapados en una adicción, muchas veces no les importa porque no creen que sea posible salir de ella, y recuerdan que la droga les proporcionaba los únicos momentos de paz que tenían. Su cerebro piensa en la droga las 24 horas del día. Hasta que se desintoxican físicamente y aceptan pedir ayuda, no se les puede ayudar. La deshabituación mental es la más complicada.


Detrás de una adicción hay un gran sufrimiento emocional. Generalmente, describen una sensación de soledad y vacío interior tan grande que nada es suficiente para llenarlo. Y cuando les quitan la droga, no saben dónde agarrarse. No será hasta que empiecen a ver que es posible y mejor una vida saludable, no empezarán a moverse de dónde están.


Ante esta situación, las personas adultas que aceptan iniciar un proceso terapéutico de deshabituación, han dado los dos primeros pasos necesarios: la conciencia del problema y la voluntad de salir del mismo aceptando ayuda. Los adolescentes ingresados ​​por los padres, llegan a menudo al centro terapéutico sin querer aceptar que tienen un problema, ni haber pedido ayuda para salir de él. Y el monstruo de la adicción está ahí poniendo a prueba su voluntad hasta el final.


Por tanto, los padres necesitamos entender la magnitud del problema para poder empatizar con ellos y ayudarles. Esto no quiere decir que debamos ubicarnos tampoco en la lástima, porque desde este punto no podemos sacarlos del agujero. Hay que ser firme y dejarles claro que si deciden dejarse ayudar y quieren estar bien, estaremos siempre a su lado para acompañarles, pero si ellos no quieren hacer el esfuerzo, llegamos hasta aquí y estarán solos. Esta posición es también difícil de sostener, y éste es nuestro trabajo y nuestro proceso que, como adultos y responsables de nuestros hijos debemos hacer, aceptando el consejo y la ayuda de los profesionales que tienen el conocimiento y la distancia emocionales necesarios para ayudar los.


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