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  • Foto del escritorAssociació de Famílies Fontfregona

La reinserción después del proceso terapéutico

La palabra reinserción, tiene su origen en el latín insertum, añadiendo también el prefijo re, cuyo significado hace alusión a incorporar, ingresar, volver a estar o, valga la redundancia, reingresar en un sitio, lugar o lugar en específico.


En el caso de los chicos y chicas que han hecho un proceso terapéutico en un centro, la palabra reinserción implica reingresar en el entorno familiar y en la sociedad, pero va mucho más allá. Cuando salen, se trata de chicos y chicas adolescentes o adultos muy jóvenes, que no han vivido una adolescencia como la que han vivido otros muchos chicos y chicas de su edad, ya que por motivos diversos, sus trastornos de conducta producidos por el consumo de sustancias o al revés, les han llevado a ser jóvenes con muchos miedos, angustias e inseguridades. Si ya la adolescencia es un período de inestabilidad por sí mismo, para estos chicos y chicas es una verdadera montaña rusa con subidas y bajadas continuas que aceleran y retrasan su curación con el consiguiente desgaste emocional que supone para sus familias. Por ellos y ellas, la reinserción comienza en el mismo momento en que se toman los primeros contactos con la familia. Al tratarse de menores o chicos y chicas muy jóvenes, el papel de la familia es esencial. Y la familia sólo puede empezar a ayudar a esta reinserción cuando tienen al hijo o hija internos y pueden empezar a recuperar las fuerzas perdidas durante los meses de desgaste vividos en casa previos al ingreso. Su reingreso comienza por la familia, y deben iniciar una vida adulta sin haber vivido experiencias propias del mundo adolescente.


La reinserción comienza con el primer contacto con personas exteriores en el centro, habitualmente los padres o tutores legales. Las primeras visitas ya forman parte de este proceso, y la familia pasa a ser un agente externo de reinserción que permite al chico o chica entrar de nuevo en la sociedad pero de forma sana. Es muy importante que las familias vayan en todo momento en la misma línea que los profesionales del centro, y debe tenerse en cuenta que es indispensable poner límites. Tienen que ver que aquellos límites que durante meses o años se han saltado a casa, ya no pueden saltarlos. Hay nuevos límites, y sólo podrán recuperar una vida emocionalmente estable y feliz si los siguen. Por eso las familias deben mostrarse firmes. Es necesario que aprovechen que los hijos están internos para fortalecerse, recuperar fuerzas y empoderarse. Fuerzas que necesitan durante el proceso y que necesitarán cuando el interno tenga el alta definitiva. Estos límites deben ir acompañados de amor. Es necesario que los internos vean que para volver a casa deben cumplir ciertas condiciones ya lo largo de este tiempo, las familias cumplen un doble rol: dar amor, y marcar límites.


En esta primera fase de reinserción mediante las visitas, puede hacer un momento en que sea necesario detenerlas para que el chico o chica no avance en su proceso. Este paro, si bien es difícil para las familias, es una demostración clara de que se ponen límites y cumple su función en el proceso de reinserción.


Existe una segunda fase en la reinserción que es cuando comienzan las visitas de un día. En el momento que salen del centro, los padres y madres deben ser los ojos de todo, y no despistarse por nada. Tienen que tomar un rol de familia pero también tomar el rol que mientras los jóvenes están en el centro desempeñan los educadores ya que sino ellos se desastibilizan. Aparece una nueva función para las familias, la de observar y poder traspasar la información al centro cuando se devuelve. Es muy importante en este momento recordar muy bien las normas y cumplirlas de forma muy firme, ya que estas normas dan seguridad y ayudan a avanzar. Cuando hay las primeras salidas, el centro ayuda a recordar estas pautas y es necesario contactar con los profesionales en caso de que haya cualquier duda al respecto para que orienten a las familias. Observar y comunicar al centro los que las familias ven es imprescindible para poder orientar el proceso: cómo reacciona con la familia, con el entorno, cuando ve a jóvenes de su edad…Cualquier reacción es importante ya que da pistas de su evolución .


Cuando las salidas pasan a ser fines de semana, o estancias algo más largas, es fácil que la familia no pueda estar tan pendiente, sea por motivos laborales o porque a medida que pasan los días el desgaste es importante. Pero no se puede bajar la guardia y es necesario acompañar con amor, escucha, diálogo pero manteniendo los límites, las normas y los acuerdos tomados con el centro. Sino hay peligro de desastibilización.


Finalmente, cuando existe el alta terapéutica, es muy importante seguir el pacto de reinserción. Este pacto se redacta conjuntamente con el chico o chica, la familia y el centro y es el que evita que se desestabilicen. Es difícil seguirle ya ellos les fastidia ya que limita sus acciones. Empieza una etapa en la que son muy vulnerables y necesitan seguirlo, ya que cuando salen deben volver a montar su vida de una manera diferente a como la tenían antes de ingresar.


La familia debe acompañar en todo momento y ayudarles a activar aquellas estrategias que han aprendido durante el ingreso para evitar las recaídas y estar alerta a posibles signos de alarma. Durante toda su vida tendrán que estar pendientes ya que quienes han sido internos, corren el peligro de desestabilizarse ante cualquier vez que la vida les dé y, que, como a todos, seguro que les dará. Lo que han aprendido en el centro les servirá para afrontarlo y el ejemplo de resiliencia y fortaleza de sus familias fambé.



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