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Violencia filio-parental

La violencia filio-parental hace referencia al conjunto de conductas reiterativas de violencia física o psicológica de los hilos hacia los progenitores o aquellos que ocupan su sitio. Ha habido un aumento significativo en los últimos años, pero habitualmente es una realidad invisible que se esconde por vergüenza y sólo un 15% de los casos se denuncian.


Modalidades de violencia filio-parental


Hay tres modalidades de violencia filioparental:


Violencia psicológica


Deja mucho trauma en las familias, entre todos los convivientes ya menudo cuesta detectar hasta que no está ya muy avanzada. Los hijos manipulan para conseguir anular la autoridad de los padres y esto genera en sus progenitores mucha inseguridad y baja autoestima. Es frecuente plantearse qué hemos hecho mal como padres/madres e intentamos buscar el origen del problema culpabilizándonos, incluso haciendo sentir culpable al otro miembro de la pareja, desestibilizando aún más la situación familiar. La violencia psicológica es la más difícil de detectar y con frecuencia se normaliza porque no se sabe con quién hablar.


Violencia física


Cuando el joven agrede físicamente o destruye objetos de hogar.


Violencia económica


Cuando existen robos y hurtos de objetos del hogar.


De los jóvenes que ejercen violencia filioparental, un 60% son chicos y un 40% son chicas. La psicológica suele ser más ejercida por las chicas y la física por los chicos, y en más de la mitad de los casos va asociada al consumo de substancias.


Causas de la violencia filio-parental


Existe una multicausalidad que lleva a este tipo de violencia.


Factores individuales


Factores de personalidad como alta impulsividad o baja tolerancia a la frustración. También la necesidad de conseguir las cosas rápidamente, el egocentrismo, una mala gestión emocional, una baja autoestima y en ocasiones situaciones de acoso. Algunos trastornos como el TDAH o trastorno límite de personalidad pueden ser factores desencadenantes.


Factores familiares


Modelos educativos demasiado autoritarios o demasiado permisivos o sobreprotectores. Aunque a menudo, jóvenes que han tenido límites, desencadenan esta violencia por otros factores.


Factores sociales


El exceso de estímulos, los modelos de éxito rápido y fácil, la permisividad social en la falta de respeto hacia las normas.


¿Cómo afrontar la violencia filioparental?


Cuando las familias se encuentran en esta situación, es necesario restablecer la dinámica. Las familias están agotadas, han perdido la confianza en su rol como educadores, tienen miedo, se sienten culpables y con frecuencia esconden el problema. Cuando finalmente deciden pedir ayuda a los profesionales, a menudo se sienten cuestionados. Es frecuente que incluso algunos profesionales intenten reconducir la violencia familiar cambiando el estilo educativo de las familias y cuestionando que son los modelos educativos quienes han agravado la situación. Hay que tener en cuenta que si bien el estilo educativo puede afectar, cuando ya existe una situación de violencia instaurada, los miembros del núcleo familiar están muy afectados emocionalmente y la única solución es poner distancia. Por eso es necesario el ingreso en un centro terapéutico donde la distancia ayuda a recuperar el vínculo perdido.


Al principio del ingreso, los chicos y chicas ofrecen resistencias y quieren manipular a los profesionales del centro como ya han estado haciendo durante mucho tiempo con otros profesionales que los han tratado ambulatoriamente. No es hasta que paran las resistencias que comienza el cambio. Cuando se dan cuenta de que ya no son ellos quienes dominan la situación, deben empezar a cambiar. Están acostumbrados a hacer lo que ellos quieren con sus padres/madres. Cuando éstos, siguiendo los consejos de los profesionales del centro se empoderan y cambian sus mensajes o incluso dejan de enviar mensajes o visitar a los hijos, es cuando éstos se dan cuenta de que ya no controlan la situación y las resistencias al cambio ceden. Mientras el joven está ingresado, la familia también debe trabajar, ya que a menudo existe un estrés postraumático y el miedo a repetir la situación cuando salga el hijo o hija, podría dificultar su recuperación. Por eso la familia debe trabajar a respuesta que da para no condicionar el retorno del familiar.


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